Hoy más que nunca, la visión marxita de la cultura adquiere mayor vigencia y significado ante el peso cultural que tienen las dinámicas economicistas de la llamada globalización que tiende a consolidarse en el presente siglo. El expansionismo cultural y la idea de un pensamiento único trasladado por el vertiginoso desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, por la industria cultural y por una educación estandarizada que busca responder a los afanes integracionistas del mundo desarrollado, hacen de la ciencia la técnica, la comunicación y los símbolos, sus principales dispositivos de irradiación y afianzamiento; así mismo, reflejan nuevos intereses de conquista económica que se ofrecen cons desmesuradas consecuencias en las dinámicas de la vida social con otras formas de desequilibrio. La llamada tecno cultura y la sociedad del conocimiento, se imponen como nuevas mega-estructuras económicas, con otros esquemas de exclusión, discriminación y oclusión social y cultural, y por lo tanto de asimilación y/o conflictividad.
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